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Flechas de oro

Publicado en

erospsyche

Una vez más, Febo revela el día en su carro fastuoso. Al abrirse mis ojos y dar con aquella fotografía, otra flecha dorada alcanza mi corazón. Todas las mañanas me doy la vuelta en la cama e intento volver a conciliar el sueño. Y sueño de nuevo con él. Ciego y alado diosecillo, ¿por qué juegas a que soy tu diana? Mientras renuevas cada día el oro en mi interior, plomo ingrato colocas en tus dardos para que mis ojos no puedan verlo más que a él.

Dime entonces, hijo de Citerea, si, cómplice de las moiras, decidiste mi destino, ¿por qué nos separa el mismo mar tormentoso que trajo la tragedia al enamorado Leandro y a su amante Hero? Si es tu voluntad que viva encadenada a este amor, alivia la cruel distancia que como una enfermedad nos acompaña.

De nuevo, esconderá Sol el día para dejar paso a su hermana bicorne. Entre sábanas me revuelvo, tratando de no soñar y a la vez, anhelando alcanzarte en mis sueños, el único lugar donde puedo tenerte. Por la ventana entra la suave luz de luna. Diana, reina de los astros, ¿también tú disfrutarás alcanzándome con tus flechas?

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